Viernes, 5 de mayo – EXPOSICIÓN: “REGRESO AL ORIGEN” – A cargo de David González Menéndez – Centro Cultural “Eduardo Úrculo” – Plaza Donoso, 5

 

David González Menéndez

Nacido en 1956.

A los ocho años, en la consulta del dentista y hojeando una revista de Arte mientras esperaba turno, fui convulsionado por “El Grito”, obra de Edvard Munch, produciendo en mi interior una agitación tal que hizo surgir un pensamiento como un relámpago: “Quiero pintar”.

En ese instante había encontrado la manera de dar salida, de expresar lo que sentía y vivía con la pintura.

A partir de entonces mi empeño por pintar no ha cesado.

En la memoria atávica de nuestra especie, conservada en la esencia de nuestros corazones, permanece el recuerdo de nuestro Origen luminoso. Una raza presente sin tiempo y sin muerte, donde el amor es la expresión de su luz, la transparencia la expresión de su materia, y el Ver, el pensamiento, la comprensión sin palabras.

“Regreso al Origen” es la muestra de una parte de mi personal viaje hacia mi Principio.

Reúne una serie de pinturas donde intento expresar, con el color, el gesto y las texturas, diferentes estados vívidos de una sucesión interminable de vivencias acaecidas desde hace más de veinticuatro años, cuando se produce en mi camino una ruptura determinante que me conduce a distanciarme del mundo y de la vida que hasta entonces había llevado, realizando un trabajo de profunda introspección, de autoconocimiento, del que deriva mi presente vivo.

Mi pintura no está sujeta a la moda contemporánea, como dice Avelina Lésper, escritora y crítica de Arte mexicana: “La contemporaneidad se manipula como un valor artístico y no lo es: es un valor comercial –el último auto, el último vestido–. El arte es intemporal, sobrevive al tiempo; la moda es efímera, muere todos los días”.

La tan manida intencionalidad de conceptualizar la pintura pertenece al modo en que el mercado ha construido su rentable atalaya cambiante, baluarte de lo que vale, de cuándo y de cuánto vale, no al Arte. El Arte vibra por sí mismo, de cada obra emana la energía de quien la produjo y solo desde la propia sensibilidad de quien contempla se puede conectar.

En la contemplación solo hay silencio y es en ese estado que se Ve; lo contrario es mantener el ruido de la palabra, justificando la compostura intelectualizada, lo que permite mantener la “segura cotidianeidad” sin poner en peligro los propios esquemas heredados y construídos.

Mi pintura es un medio, un canal de expresión sin retórica conceptual, siempre lo ha sido, como en la anterior etapa, antes de la ruptura, aparece lo que soy y lo que va conmigo, y el empeño de exteriorizarlo, de dotarlo de presencia visible es lo que determina cada una de las obras.

MARIANO CARTEL FINAL

 

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